martes, 12 de abril de 2011

Felicidad

Uno se pasa todo el invierno deseando que salga un poco el Sol para disfrutar un poco de la calle y no desperdiciar el día entero en el quitavidas disfrazado de red social llamado Facebook. Pues bien, Lorenzo se decide a asomar, la emoción surge, te decides a salir al parque a dar un simple paseo y...puta alergia.
Una vez leí en un libro de autoayuda que la felicidad es el proceso por el cual uno alcanza la capacidad de ser mejor persona. Lo que entiendo de esta definición es que hay que conformarse con el proceso de tratar de ser feliz porque la felicidad no existe. No tengo muy claro que el significado sea ese, pero de lo que sí estoy seguro es de que nadie es nunca feliz, con lo que la búsqueda debería servir para conformarnos.

Como diría Sabina, "perdón por la tristeza". Tratad de recordar el ultimo momento en que fuisteis felices. No me refiero a "estar feliz"en el sentido esporádico del término. Me refiero a largos periodos de la vida en los que habéis sentido un especial gozo del simple hecho de vivir. A un periodo en el que no habéis sentido el agobio, la inseguridad o la insatisfacción por razones más o menos importantes. No existe a no ser que la distancia temporal nos haya nublado tanto el recuerdo que nos haga pensar lo contrario. Pero los niños son francamente infelices por no tener un año más o por perderse su serie de televisión o por no ser los mejores jugando al fútbol, por mucho que nos empeñemos de adultos en querer olvidarlo convenciéndonos a nosotros mismos de que la infancia fue la felicidad absoluta.

No voy a ponerme profundo en esto. Mi infelicidad ahora mismo se reduce básicamente a que mi alergia no me deja disfrutar de la primavera, no me deja salir a correr al parque para ponerme un poco en forma y que cuando me quiera yo dar cuenta de que la polinización ha acabado tendré el frío encima...etc, etc.
Tampoco es mi intención quitaros el derecho de ser infelices con argumentos trillados y vacíos como los de apreciar las pequeñas cosas de la vida o agradecer a Dios que no pasamos hambre como los niños de África. La capacidad de empatizar es un gen recesivo en nuestro ADN, suponiendo (y es mucho suponer) que algún día existiese.

El principal motivo de escribir esto es que me hacía bastante infeliz llevar varios días sin haber publicado absolutamente nada en el blog. La astenia primaveral no perdona y mucho menos si uno es alérgico y tiene que preocuparse de respirar decentemente o de que los mocos no se le enreden en las barbas. Las ideas no llegan en semejante contexto. Y tratando y tratando de buscar una idea interesante para escribir me dí cuenta de que simplemente no la había. He agarrado el ordenador y me he puesto a escribir lo que se me venía en la cabeza para terminar una entrada que, sin ser lo mejor que he escrito aquí (prometo escribir con mucho esfuerzo algo peor que esto) me ha quitado una infelicidad de encima.

Una menos.

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